La mirada lejana

Por Carlos Bodanza - Mañanas de Campo

Al fondo del potrero la vaquillona pasta mansa, mientras que su primer ternero se apoya sobre la madre para no caerse, en los primeros pasos de su vida. “ La A325 es una hija del Garronero”, mira desde la camioneta mi amigo “el paisano” haciendo zoom a la caravana con la cámara del teléfono, en una fiel radiografía de cómo mucho de lo que se hace en el campo, tiene trazabilidad pero de la que se lleva en la cabeza, de la que muchos de los cientos de miles que recorren, son capaces de almacenar en su “rígido” móvil.

 

Del otro lado del “globo” hay una docena de influencers, que sacan fotos, graban videos, cocinan y –desde ya- comen la carne Argentina, que dispuso el Instituto de Promoción de carnes en un stand donde los frigoríficos, intentan asegurar los negocios que formarán parte de lo que hoy sigue siendo nuestra gran salvación: la vaca.

 

Los KOLs –así se conoce a los Key Opinion Leaders) son la forma de comunicar que eligen masivamente quienes manejan más de 200 millones de usuarios en redes sociales, tal vez interesados en la A 325, en la hija del Garronero y en cómo fue que alguno de esos “cuadrados” de carne llenos de salsa de soja, llegaron a ese plato.

 

Para “el paisano” registrar la importancia de ese momento, es solo el disparador de una facilidad de parto, de una madre que deberá alimentarse fuertemente durante los próximos 60 o más días, previos al próximo servicio donde habrá que asignar un nuevo padre, realizar la sanidad correspondiente, marcar la ternera, recriarla y ojalá un mañana, sea parte de las madres del futuro rodeo.

 

Son dos realidades, dos mundos, pero que hoy necesariamente deben conectarse, porque a pesar de que hemos vivido hundidos en una ideología que nos ha retrasado por años en lo económico, en lo social, en lo cultural e incluso en lo productivo, el productor agropecuario Argentino, está en condiciones de pertenecer a ese otro mundo, que por ignorancia, por desidia, por política, le han negado una y otra vez.

 

Del potrero a la mesa, ya sea en granos, en carne, en leche, en frutas o en cualquier producción, hay un puente que se está construyendo quiera o no el productor primario, porque hay consumidores que ya no se conforman con la mejor calidad posible, con el mejor precio, sino que es absolutamente necesario, generar una trazabilidad y un camino capaz de contar y relatar, que lo que se está comiendo fue amigable con el ambiente, que quienes criaron esa hija del Garronero, hayan sido conscientes cuando vacunaron, cuando usaron un pour on para los piojos, cuando cargaron el animal y cuando el frigorífico lo subió arriba de un gancho. La película es trasladable a la siembra, al control de las malezas, a cuánto combustible se usó desde el barbecho a la cosecha o si las verduras, eran hidropónicas o de una quinta cuyo nombre, nadie es capaz de conocer.

 

Se acabó la producción como la conocimos, o al menos quienes quieran jugar en “otra liga”, deben estar dispuestos a dejar atrás, cientos de vicios, culturas, metodologías, prácticas y sobre todo, entender esa “mirada lejana” que tarde o temprano, nos pondrá adentro o afuera del mercado y no se trata de “plata”….NO! se trata de prácticas, de eso que desde el año 1500, alguien por primera vez lo dejó como un proverbio y que hoy desde China y sus millones de seguidores en una red exigen a gritos: “el hábito hace al monje” y es allí en esa lejana mirada –al potrero y hacia el mundo- donde el cambio no espera explicaciones, simplemente está a disposición para los que estén dispuestos a empezarlo.

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