El animal que vive en nosotros

Por Carlos Bodanza - Mañanas de Campo

Cambian los tiempos, las generaciones, las formas. Cambia la producción, sus enfoques, su rentabilidad. Cambian las superficies, los métodos, la tecnología. Cambian las razas, las cruzas, la genética. Pero hay algo inalterable, que no ha retrocedido un solo paso en la historia: la pasión animal.

 

La foto impresiona, mil kilos de carne en el piso y la delgada figura abrazando el cuello, es solo la muestra de cientos de fotos que abarcan el mundo ganadero. Un toro cualquiera es fotografiado abrazado por una de las tantas apasionadas criadoras de nuestro territorio. Así, es posible ver terneros en la cocina, al calor de una estufa cual mascota destetada, cuidado intensivamente por cualquiera de la casa. O que decir de los corderos, cuántas mamaderas han sido testigos de algún guacho que terminó comiendo en el jardín tras la pérdida de su madre a temprana edad?

 

La ganadería encierra cientos de interrogantes, en tiempos difíciles donde en todo momento mandan los números. Sin embargo, existe un valor oculto, un gen implantado que va viralizando cuerpo y alma de quienes conviven a diario en la naturaleza. Así lo que alguna vez fue un negocio, termina convirtiéndose a veces, en una carga, donde toda lógica queda al margen.

 

La pasión animal encuadra todo, no se salvan perros, gatos, gallinas, patos, desde ya caballos, ovejas, cerdos y cuánto bicho camina, que no siempre –a veces a regañadientes de los integrantes de la casa – va a parar al asador. Los “bichos” despiertan en muchos de nosotros un sentimiento a veces oculto. Llámese ternura, lástima, en otras tantas simpatía, felicidad y en muchos casos de esta vida moderna y apurada, la cuota necesaria de un cable a tierra, de una compañía y no son pocos, los que con su presencia mejoran calidad de vida, disminuyen el estress, hacen de terapeutas de niños y adultos con problemas y desde siempre han aportado con su cuota de inocencia a la vida de muchos.

 

“Le falta hablar” me han dicho millones de veces. “Es como un hijo”, relatan en unas cuantas. Y la frase del mejor amigo del hombre, queda generalmente encuadrada para perro y caballo, dos de los baluartes que aún, prestan servicio incondicional en gran parte de los campos Argentinos.

 

Nada es casual, los profundos debates en producción, genética, reproducción, alimentación o manejo son exitosos o fracasan, simplemente dependiendo de la relación que tengan quienes conviven día a día con los bichos y nada podrán hacer mentes brillantes ante esta simple y cruda verdad. “Las claves, son pensar y ver como animales la vida. El comportamiento y cuáles son miedos, terminan redundando en un mayor bienestar, donde se terminan definiendo las cuestiones económicas” dispara Temple Grandin, la autista que revolucionó el trato y la manera de manejar los rodeos desde al campo hasta la faena.

 

La pasión animal, se celebra en este día. Un día donde los bichos son puestos en un lugar, que solo la sensibilidad de muchos puede comprender. El creador de la “Etología”, el biólogo Konrad Lorenz, dejó una frase que pinta claramente lo que esta pasión es capaz de provocar: “el simple hecho de que mi perro me quiera más que yo a él, constituye una realidad tan innegable que - cada vez que pienso en ella - me avergüenzo”.

 

Locura, pasión y sentimientos, un mar de desequilibrios para sacar por un ratito, ese animal que todos llevamos adentro.

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