Sobran las palabras

Por Carlos Bodanza - Mañanas de Campo

 

Una garúa fina y algunos copos de nieve pintan la noche fría. El fuego chisporrotea en la salamandra, en el fogón y el viento parece revivirlos, mientras que la canaleta “botonea” el agua que cae. Pienso en los muchos que no la pasan bien, pienso en un país lleno de oportunidades, pero sin tomarlas.

Repasar los pesares que vive nuestra Argentina sería un verdadero rosario de miserias, las causas, las consecuencias, los sinsabores que podrían tener varios acusados, más enjuiciados y una lista intere-sante de encarcelados. Sin embargo, de poco sirve la malasangre de pensar en los muchos que una noche como hoy, la pasan fulero. “Tengo suerte” me digo a mismo cuando miro la copa y el frío hace que el vino se vea más espeso, reanime el alma y el pensamiento.

Pienso en muchos productores que hartos de estar hartos sueñan con ver su campo sin agua para rápidamente poner un cartel de venta y terminar para siempre con una tortura interminable. Ayer un sojal, hoy una verdadera pesadilla que Dios sabe cuándo tendrá un final. Hoy escuché a un productor riéndose: le postergan el pago de la tasa vial por inundación. Realmente uno no sabe si lo hacen en serio o por pura estupidez. Indudablemente más allá de los innumerables defectos o cualquier otro reclamo que pueda haber hacia el sector agropecuario, el grado de insensibilidad, avaricia, desprecio e inequidad que hay en muchas ocasiones hacia el campo, parecen no tener límites hasta en los casos, de un supuesto gobierno pro-campo.

La nevizca se vuelve a incrementar y el pensamiento se mete una vez más en el enojo que provocan ciertas situaciones. Hasta cuándo? Me pregunto. En que momento se podrá entender que no se pue-de apretar siempre la misma tecla. Cuándo en cambio, será el día que los presionados sean otros, los timberos, los del revoleo de capitales, los grandes empresarios, los supermercados, los bancos y has-ta los arrendadores. Si, leyó bien, una vez más sigo con mi bandera de que alguna vez quienes pro-duzcan, son los que tienen que pagar menos, no los que viven de la renta.  

Esperen….los supermercados dije? Devolución del 50% de las compras. O sea, el 50% es gratis. Es gratis? Nada es gratis. No existe la gratuidad cuando el estado es quien la promociona. Acaso la salud es gratuita? La educación es gratuita? Muchos se “rasgan” las vestiduras hablando horas sobre las cuestiones que el estado está obligado a dar gratuitamente. Bueno, aquí la mala noticia: lo gratuito no existe, lo pagamos todos, los que día a día, bancamos a este país. Por eso cuando mucha gente exige gratuidad, subsidios, descuentos, empleo estatal, lo que está exigiendo, es que quien paga, pague un poco más. Así parece ser que funcionan las cosas por aquí.

Por eso, en esta reflexión del frío, las sensaciones muestran que una vez más, sobran las palabras. Estamos en un lugar al que arribamos tras años de construcción de una vida de derechos sin obliga-ciones. De exigencias sin valores. De dar para no recibir, más allá de la religión, de la posición social o del lugar desde donde nos toque  analizar el día a día. Exigen generalmente, los que no dan poco y nada. El resto, seguimos bancando.

Dicen que China es el presente y el futuro, claro, cultura milenaria que a pocos les interesa escuchar y predicar: "Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enseñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida". Bienvenidos al país, que más pescado regala. Para explicacio-nes, sobran las palabras.

 

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